El distribuidor es quien te pone el fondo delante. En España, casi siempre, es un banco: CaixaBank, Santander, BBVA, Unicaja, o el director de la oficina de la esquina. Te enseña un producto, te hace la suscripción y te muestra el extracto. No es MSCI. No es BlackRock. No es Allfunds. Es la puerta por la que entras.
Ese oficio se confunde con los demás porque en la sucursal se habla como si «el S&P», «el fondo de la casa» y «el banco que te asesora» fueran la misma cosa. No lo son. El índice es la receta. El proveedor la publica y la licencia. La gestora fabrica el producto. El depositario guarda los títulos. El distribuidor es quien te lo vende. Cada uno cobra por lo suyo.
El director de oficina no ha inventado el S&P 500. Tampoco ha montado, por lo general, el fondo que te ofrece. Hay una excepción habitual: el producto de casa. Si en CaixaBank te suscriben un fondo de CaixaBank AM, la gestora y el banco comercial son el mismo grupo. El margen se queda dentro. Lo mismo pasa, con otros nombres, en Santander, BBVA y el resto de la red. No es ilegal. Es un conflicto de interés clásico: quien te «asesora» gana más si te queda el fondo del grupo o una clase que deja recorte.
De dónde salen sus ingresos
El cliente casi nunca ve un Bizum. El cobro típico de la sucursal, cuando la clase de participaciones lo permite, es una retrocesión (trailer): la gestora ya ha restado gastos del valor del fondo, y devuelve una parte al banco que te lo ha colocado. Tú no ves esa transferencia. El valor liquidativo ya llega descontado. Por eso mucha gente cree que «el banco no cobra por el fondo».
Esa no es la única vía. A veces el banco cobra además —o en vez de— una comisión explícita de asesoramiento o de gestión discrecional de cartera. Entonces sí puede aparecer una partida en el extracto. Lo opaco y lo explícito pueden convivir: un servicio de «cartera» con tarifa visible, y debajo fondos de clases que siguen dejando margen. La pregunta útil no es si hay una factura. Es: ¿este cobro está en el TER, en una comisión de servicio, o en las dos?
La norma distingue dos maneras de «asesorar». Si el banco se presenta como asesor independiente, no puede quedarse las retrocesiones: o te las devuelve o no las cobra. El de la sucursal típica es no independiente: sí puede cobrar esos incentivos si te informa y alega que mejoran el servicio. Según la CNMV, en 2024 el asesoramiento independiente dentro de los bancos no llega al 7% y se concentra en grandes patrimonios. El resto de la oficina opera, de hecho, en el modelo que admite recorte.
No es un supermercado
En la pantalla del empleado no hay doscientos mil fondos. Hay una lista corta de socios preferentes. El banco negocia condiciones, retrocesiones, marca blanca y formación para la red. Un ejemplo público: Unicaja heredó el acuerdo de Liberbank con JPMorgan y, en 2025, Unigest firmó alianzas preferentes con BlackRock, Allianz GI y Candriam. Tú no eliges en un lineal infinito. Eliges entre lo que esa sucursal ha decidido mostrar.
Allfunds —u otro mayorista B2B— es la tubería que conecta a una gestora extranjera con el catálogo del banco. El mayorista no elige qué ves en ventanilla. Pone el tubo. Quién aparece lo decide el distribuidor. Por eso Allfunds no es «el que te asesora», y el banco no es «el que fabrica el S&P». Son oficios distintos, y el precio que pagas suele estar en el segundo.
Separar al distribuidor del resto de la cadena no es pedantería. Es la única forma de hacer la pregunta que importa cuando te «recomiendan» un fondo: ¿estoy pagando por copiar una receta, por fabricar el producto, o también por la oficina que me lo ha puesto delante?
Contenido informativo. No constituye asesoramiento financiero personalizado. Invertir conlleva riesgo de pérdida de capital. Las cifras de ejemplo salen de documentos públicos (KID, CNMV) y pueden actualizarse.
¿Por qué te contamos esto?
Porque cuando te «asesoran» un fondo, casi nunca ves esta cadena. Mony no custodia ni vende fondos. Queremos que sepas quién cobra qué.
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