Cuando pulsas comprar un ETF, alguien está al otro lado. Te vende ahora, un poco más caro de lo que te compraría a ti. Esa diferencia es el spread. No está en el TER: el TER son los gastos anuales que el fondo ya resta del valor, sin recibo. El spread es el peaje de cruzar en este momento. Un ETF baratísimo, negociado a deshora o con el libro vacío, puede salirte más caro que el 0,20% del KID.
Ese «alguien» no es el índice, ni Allfunds, ni tu bróker. Es, en la práctica, un par de oficios que a menudo viven en la misma mesa: el market maker (creador de mercado) y el participante autorizado. El primero pone las dos puntas en el libro. El segundo puede crear o destruir participaciones para que el precio de bolsa no se separe del valor de la hucha.
Dos oficios, no una sola palabra
El creador de mercado cotiza una compra (bid) y una venta (ask). Si quieres vender ahora, él —u otro que esté cotizando— puede estar comprando. Gana, sobre todo, el spread. A veces gana o pierde también por las participaciones que le quedan en el balance.
El participante autorizado es otra cosa, aunque a menudo es la misma empresa con otro sombrero. Lo nombra la gestora del ETF. Solo esas firmas pueden crear y reembolsar participaciones: entregan la cesta de acciones (o efectivo) al fondo —con el depositario de por medio— y reciben ETF nuevos, o hacen el camino inverso. Tú no eres participante autorizado. Tu bróker no lo es por enseñarte el ticker. El bróker te enruta al mercado; el creador de mercado está en el libro; el participante autorizado es quien puede fabricar o destruir el papel.
Cómo se crean y se destruyen las participaciones
El valor de la hucha (el NAV) es la cesta menos gastos, partido por las participaciones. El precio de bolsa es lo que alguien está dispuesto a pagar o a cobrar ahora. Si el ETF se pone más caro que la cesta, el participante autorizado compra las acciones, las entrega al fondo, recibe participaciones nuevas y las vende en bolsa. Al vender, empuja el precio hacia el valor de la hucha. Si el ETF se pone más barato, hace lo contrario: compra ETF, los entrega, recibe la cesta y la vende. Ese vaivén —el mismo mecanismo con el que, desde los años 90, un ETF puede cotizar todo el día— es lo que mantiene el ticker pegado al índice, con un pequeño spread.
Tú operas en el secundario: pulsas comprar y alguien te da contrapartida. El ajuste gordo del tamaño del fondo lo hace quien tiene permiso para crear y reembolsar, casi siempre en bloques grandes. El detalle está en el folleto. La idea no cambia.
De dónde salen sus ingresos (y los tuyos)
El creador de mercado no te manda un recibo. Cobra el spread: si compras a 10,02 y el bid está a 10,00, esos dos céntimos son el peaje de cruzar ahora. No está en el TER ni en el KID. El segundo cobro es el arbitraje: si el premio o el descuento es mayor que el coste de crear o reembolsar, la mesa intenta quedarse esa diferencia.
Los ETF de nicho, los muy pequeños y las horas en las que el subyacente está cerrado (un ETF de acciones USA cotizando en Europa por la mañana) suelen tener spreads más anchos. No es un fallo del índice. Es que cotizar las dos puntas cuesta más cuando hay menos gente al otro lado.
Qué no son
No son el proveedor del índice. MSCI o S&P publican la receta; no te venden el ETF ni te dan contrapartida. No son Allfunds: esa tubería es del fondo de sucursal. No son tu bróker: el bróker te enseña el ticker, te cobra comisión o custodia si la hay, y envía la orden al mercado. Quien está en el libro, cotizando compra y venta, es el creador de mercado. No son la gestora, aunque la gestora los nombra como participantes autorizados. Tampoco son el distribuidor de la oficina: en el ETF de bróker no hay sucursal colocándote una clase con retrocesión. Hay un libro y un spread.
Cuando el mecanismo se tensa
En un ETF «core» líquido, en horario normal, el premio o el descuento suele ser pequeño. En tensión de mercado —parones, un subyacente que no cotiza, un ETF diminuto— el spread se ensancha y el precio puede apartarse del valor de la hucha un rato. No es que el índice «haya mentido». Es que cotizar y cubrir la cesta se ha puesto caro o imposible durante unas horas. No convierte al ETF en un timo. Convierte el «compro a cualquier hora con un clic» en una operación que también tiene precio, y ese precio no está en el TER.
Por eso, cuando te venden un ETF solo por el 0,20%, falta media historia. La otra mitad es quién te da contrapartida y cuánto mide el spread en el momento en que cruzas. Sin market maker y sin participante autorizado, el ticker sería otra cosa. Con ellos, el ETF es un fondo que se puede negociar todo el día porque alguien hace ese trabajo y cobra por él.
Contenido informativo. No constituye asesoramiento financiero personalizado. Invertir conlleva riesgo de pérdida de capital. Las cifras de ejemplo salen de documentos públicos (KID, folletos) y pueden actualizarse.
¿Por qué te contamos esto?
Porque cuando te «asesoran» un producto, casi nunca ves esta cadena. Mony no custodia ni vende fondos. Queremos que sepas quién cobra qué.
Ver el problema